Aquella pretemporada de 2008

“He muerto y he resucitado. Con mis cenizas un árbol he plantado. Su fruto ha dado y desde hoy algo ha empezado”. Así comienza la canción de Los Secretos que se convirtió en prácticamente himno no oficial del centenario del Levante UD. Y efectivamente fue así, el club tocó fondo en aquel verano de 2008 y resurgió de sus cenizas.

Aquel verano los granotas vimos como uno de nuestras grandes pasiones estuvo a punto de dejar de existir. Después del descenso y de una gestión deportiva pero sobre todo económica nefasta, el club se acogía a la Ley Concursal con una deuda acumulada de más de 90 millones de euros. Luis García se hizo cargo del primer equipo (que más bien parecía el filial viendo los jugadores que tuvo bajo sus órdenes en los primeros entrenamientos).

El stage de pretemporada se celebró en Oliva y en todos los estamentos del club se instauró una palabra: austeridad. La dirección deportiva tuvo que ponerse manos a la obra para armar un equipo en apenas 15 días con jugadores libres que llegaran a coste cero y que dieran el 100% desde el primer día y se consiguió.

Los granotas estamos hechos de otra pasta y ese verano fuimos varios los que acompañamos a aquel grupo de jugadores y cuerpo técnico para que se sintieran arropados. Entonces sí que se podía decir que éramos una familia. Al comenzar la Liga la masa social del Levante UD estaba formada por poco más de 4.000 abonados, lejos de los más de 20.000 que llenan las gradas hoy en día.

Teruel, Orihuela, Burriana… fueron algunos de los equipos que se enfrentaron a aquel equipo que cada día anunciaba dos, tres, cuatro o incluso cinco fichajes. Sin ir más lejos, Luis García alineó a Manolo Reina, Cerra, Vázquez, Serrano, Robusté, Tena, Riau, Sergio Boix, Del Moral, Rubén, Pedro Vega. En la segunda parte también jugaron Mossa, Roque, Álvaro Lozano, Salinas, Sergio Rodríguez, Nacho Hervás, Lois, Nacho Verdés en el partido contra el Orihuela que finalizó con empate a uno.

Rubén y Cerra fueron los primeros en llegar y unirse a ese elenco de chavales de los que disponía el primer equipo en los primeros días de agosto. Luego fueron llegando otros como Gorka Larrea, Pallardó, Parri y un largo etcétera a los que se unieron chavales que se convirtieron en estandartes en las siguientes temporadas como Iborra o Héctor Rodas y el mismísimo Ballesteros que algunos pensaron que venía a retirarse.

Recuerdo una charla con Luis García después de finalizar el partido en Orihuela en el que le preguntábamos por el objetivo aquella temporada. Seguramente nos vio algo alicaídos y por ello nos animó y prometió que iban a dejarse todo tanto el cuerpo técnico como los jugadores que fueran llegando. Y vaya si fue así. Esa temporada, en la que jugamos con la misma camiseta que la anterior (hasta ese punto llegaba la austeridad), se consiguió una digna octava posición en liga. A partir de ahí, ascenso, permanencia e incluso clasificación europea, es decir, aquel fue el germen del mejor Levante de la historia.

 

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